Ella.
Es de noche y no logro conciliar el sueño. Mi mente viaja segundo tras segundo imaginando lo irreal, lo imposible. Aferrando mi vida en cada pensamiento a una fantasía, a esa persona que debe ser libre y volar.
Es mi culpa. No debí enviar aquel primer mensaje. Pero, no me arrepiento. Jamás imagine que a sus ojos iba a ver. Nunca cruzó por mi cabeza la idea de poder abrazarla, y sucedió. Único abrazo, que repito a cada instante recreando la escena, recordando la atmósfera cuando la vi venir hacia mi.
Debo entender que, es una niña aún, pero con alma de mujer. ¡Oh si yo pudiera! Si pudiera controlar todo a mi entorno y hacer que ella me quiera, pero no... Eso sería egoísta de tener el poder de hacerlo. Ella debe volar y surcar su cielo, mirar hacia otros destinos y sabe Dios dónde tendrá que anidar... Pero duele... Entender y aceptar que no es el tiempo para ella, que mi tiempo es distante del suyo y que jamás podremos concordar... Duele.
Ella robo mis miradas aquella tarde y al marcharme, no sólo la deje lejos, con ella quedó mi aliento y una parte de mi corazón, mis recuerdos y pensamientos en aquel lugar. ¡Oh si pudiera volver! Y sé que no pasará... Ella fue ese motor, esa inspiración que en mi faltaba, esa motivación que mi alma necesitaba. Ella logró despertar en mi, aquella pasión por creer y ser mejor. Ella, sutilmente con sus palabras y una mirada, conquistó mi duro y terco corazón.
Ahora, caí en el abismo. Y no es su culpa, ella debe seguir. Pero, tiene ese gran poder pues ella es así. Tiene el poder de enviarme al más profundo abismo de miseria, y con una sonrisa rescatarme de allí. Si supiera que en sus manos estoy volando, porque mi cielo está ahí, justo ahí con ella.
Me resta el resignarme que, ella no es para mi, ni yo para ella. Y ante todo, sólo anhelo no perderla, aunque hoy duele verla unicamente como amiga. Ojala y conmigo viajara, ojala y me invitara en su viaje, pero como es de esperarse, nuestras maletas son diferentes, así como nuestros destinos.
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