ChristianNet

audio autoplay=“on” src=“https://50.22.217.113/;#.mp3”

viernes, 13 de septiembre de 2019

Como si fuera la primera vez.

...¡Llegó el día! ¡Iré a conocerte! ¡Qué nervios! Jamás sentí tanto miedo [...]

Nunca antes me había sucedido algo similar. Yo creía que el amor se trataba sólo de atención y palabras dulces. ¡No!

Mi corazón quedó marcado de por vida. Mis ojos sollozaron de dolor por una traición. Lo que imaginaba era el amor me jugo una mala pasada. Así segui en mi caminar descubriendo y tratando de encontrar aquel amor del que muchos hablaban. ¡Nunca lo logre!

Vino alguien y pensé: "Ella es..." quiza, tal vez... ¡Qué locura creer! Otra traición. Y es que el silencio no mata pero vaya que endurece el alma. No dijo nada, se marcho y con ella mi esperanza de volver a creer.

Tú tienes miedo a la soledad -me dijo alguien- ¡No! Mi defecto es ser un romántico de los que ya no hay. Esos que prefieren una mirada sincera a, una noche de placer. Esos que con la sonrisa de su amor, les basta para continuar. De los que aún te abren la puerta o te llaman y enmudecen, tan sólo por escuchar tu voz. Ese soy yo. No es miedo a estar solo, es el sueño de viajar con alguien que me quiera acompañar y también a soñar. Una amiga, una compañera, una guerrera, como yo.

Pero escuche tu voz y nunca sentí tanta emoción al oirte decir mi nombre. En ese momento me perdí y ojala y en tu mirar, pero no fue así. Cuando te vi, comprendí que: Mi vida ya no sería la misma como antes de ti, que, luchar por ti sería un arte y no cualquiera es un artista, que contigo llegaría hasta el final de una gran historia, pero ¡Qué historia! No deseo que termine.

Encontré en tus ojos esa luz que yo buscaba. Tus palabras no sólo fueron dulces, sino aquellas llenas de vida. Esas palabras que envuelven y te cautivan, y eso fue lo sucedió. Atrapaste mi corazón y te adueñaste de mi ser. Tanto que, te veo cada mañana al caminar por las calles de la ciudad y sigues latente como aquel primer día.

¿Seras tú? Me lo he preguntado. ¡Cuánto lo ansio! Y no es que me de por vencido, pero siento que nuestra función terminó. Tú, la protagonista de mi novela, yo, el principal actor. Como quisiera ser el guionista y saber cómo ha de terminar, más, hasta aquí te disfrute y hoy queda agradecer.

No! No es una despedida. Es el desahogo de un alma, que amó y teme a cerrar sus puertas. Es, el desahogo de un corazón, sigue vigente, esperando por ti, como el alma a la salvación.

... ¡Llegó el día! ¡Iré a conocerte! ¡Qué nervios! Jamás sentí tanto miedo [...]

¡Como quisiera! Vivir ese día, cada día. Como si fuera la primera vez.

Con dedicatoria a mi amada amiga, Madeline.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Ni ángel, ni demonio.

Terminaron esas noches de poesía cuando perdido me encontraba en el fulgor de tu mirada. Terminaron esos días donde, no importaba si era gris el panorama, tu sonrisa mi día iluminaba. ¡Se acabo! Esa luz se apago...

Terminaron esos textos a cualquier hora del día, en los que sentía que existía y no sólo por respirar y es que mi alma vibraba al sentir la tuya aún en la distancia. ¡Qué debil tú! O quiza yo. Me echaste tierra ¿por qué?

Ya que se terminó, no te detengas a preocupar por si como aquel burrito, me sacudo la tierra y salgo de ésta tumba donde mi recuerdo enterraste. ¡No! Me dejaste allí y para ti, allí seguiré, pues si en ti encontré la vida, que placer hallarme en ti ya muerto. ¡Nunca lo entenderás! O quizá cuando te enamoren y no tengas en plan el aceptar, pero te enamoraste y te rompieron en mil pedazos, como tú a mi... No, no te deseo un mal, pero no se vale con un sentimiento jugar.

Me dejaste ya y a lo mejor sin esperanza. Es que el corazón no endurece nada más porque si, hay angeles y demonios y en el amor, se halla en la misma persona. Pues como ángel te conquista y enamora, y cual demonio te destroza.

Concluyo que tú, más que un ángel o demonio, cual torrente me tumbaste, coml huracán me visitaste, con tus rafagas de amor y vientos de desamor. Tus aguas turbulentas me ahogaron en la pasión que por ti soñe, mirandote al futuro, un futuro donde no seriamos ángel o demonio, sólos tú y yo... Pero, lo mataste, dañaste éste amor y a ti debo ahora, el demonio que soy.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Nadie...

Cada mañana veo a una pareja de novios, él se muestra tierno y cariñoso y ella, se deja querer. Cada mañana él espera por ella en la estación de autobuses y la acompaña en su camino. Cada mañana es la misma rutina, él la espera y va a su encuentro y ella lo recibe igual que siempre... Rutina...

Pienso que no debiera ser así, o quiza sean celos porque no me sucede a mi. Pero, siendo sincero, la rutina daña las relaciones y cada cual necesita su espacio y tiempo y es eso lo que nadie quiere comprender. El amor es para valientes y maduros en su ser, no es un juego de niños...

En una ocasión como cada día, ese chico esperaba a su chica con una rosa en sus manos, estaban de aniversario tal vez, lo curioso es que, al tercer día ya no veo la misma rutina, ya no veo esa emoción, ¿Qué sucedió? me pregunto yo. A juzgar por los hechos que pude ver, ella siempre le avisaba en un texto cuando su autobus estaba por llegar, de esa forma, él ya sabría en qué momento ir por ella. En esa ocasión ya no fue así, ya no supo él cuando ir por ella, y al verla, su reacción no fue igual fue poca, como una luz a poco brillar...

La rutina daña relaciones...

A mi me ha tocado perder y dejar ir ese viaje que muchos anhelan pues, no podía ir por ella. La distancia, física y geografica hicieron conspiración contra mi. Ella queria a lo mejor un beso en la mejilla, o sólo que fuera de su mano, ella queria quiza a alguien que la fuera esperar a la puerta de su casa y darle los buenos día. O quiza sólo buscaba un poco de atención. Pero yo no estaba allí.

Ahora ella camina de la mano de otro, alguien que tal vez le bese sus mejillas o los labios ¡Será! Pero de algo estoy seguro: Nadie le podrá besar el alma como lo hiciera yo. Nadie podrá tocar sus sueños como lo hice yo.  Nadie podrá defenderla con su vida, como lo esperaba hacer yo. Nadie, nadie podrá amarla, como la pude amar yo.