Emprendió su viaje desconcertado. Algo le decía en sus adentros que su plan no era el correcto, pero debió ser algún temor por encontrarse con ella. Dijo que iba a su encuentro a cumplir su misión. Pero luego arrepintió por el poco tiempo que a su lado iba a estar...
En ella... En ella que, hacía tiempo atrás su interes desaparecía surgió la pregunta: ¿Cuándo estarás aquí? ... Una y otra véz eco hacía. ¡Yo voy por ti! Le decía él, más perdido se hallaba sabe Dios dónde.
Él se se sentía confundido a raíz de una decisión que tomó ¿Se encontraba enamorado? ¡Tal vez! Sin embargo no lo sabía. Soñó con ella día con día y de su asombro no salía ¿Por qué ella? Era calida y bella, dulce y tierna en su mirar, lo que a él loco lo volvía ¿Cómo no amarla así? ... Mujer en un cuerpo de niña o niña queriendo ser mujer. Alguien le dijo a él -El cuerpo envejece pero el alma no- pues, entre sus caminos se hallaba un abismo, ella, luz de abril y él pareciera que el otoño lo abrazo con frenesí. Más de algo siempre estuvo seguro: Él... Ya le amaba.
Llego el momento de su encuentro. Se apresuró porque admirarla quería. Y de lejos la miro... ¿Será ella? Se preguntó... Un paso tras otro,
ni él sabía que aquella que con paso lento caminaba, era su amada la que venía,
ni ella, que aquel a quien esperaba ¡Por fin! Ante sus ojos ya lo tenía.
Y ella tomó la iniciativa pues abrazo al que tanto esperaba... Dijo su nombre, y a él le pareció como un cántico que de sus labios a sus oídos se dirigía.
Aquel vestido blanco hizo cual eco en el pensamiento de él. Fue ese vestido blanco que ella traía, lo que a él sus preguntas respondió. ¡Es ella la dulce niña! ¡Es ella! Por quien llorando las noches, en sus sueños veía... ¡Es ella! Dijo al corazón, mientras ahora, le pareció que la perdía...
¿Dónde está mi corazón? Se pregunta hoy.
Ese amor recién nacido de dos corazones que la distancia marcó, pero que Dios y su destino, junto...
Ahora sólo resuena el eco de una voz y, es el sueño que él tantas noches espero, que Aquel que a las estrellas nombró, hoy les diera su bendición: Y es, lo que Dios junto... Jamás el hombre ha de separar. No tiene otro anhelo más, que verla venir hacia él... Frente al altar. Porque aprendió a quererla y queriendole, llego a amarla. Pues sólo el amor te libera, sólo el amor te transforma. Por el amor, dejas atrás lo propio, por el bien de la otra persona.
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